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Ese mundo de la I+D+i es muy riesgoso y nadie invierte… verdad?

En este cierre de la trilogía de columnas dedicadas a las dificultades de la I+D+i empresarial, me gustaría compartir algunas opiniones sobre el riesgo de estas iniciativas y la manera de financiarlas.

A pesar de que cada vez las empresas comprenden mejor la importancia de la implementación de estrategias basadas en innovación e I+D, uno de los factores que hacen que apostar por realizar las inversiones necesarias para desarrollar alguna iniciativa de este tipo no sea una elección que nazca espontáneamente, es el siguiente tren de sucesos: el alto riesgo que conllevan dichas iniciativas, genera un alto grado de incertidumbre sobre el éxito de la misma, y por ende, resulta incierto el posible retorno de los montos invertidos en ellas.

Si bien el riesgo y la incertidumbre están asociados casi de manera natural a cualquier tipo de proyecto, estas variables crecen de manera exponencial cuando en el centro de nuestra iniciativa hay un componente científico-tecnológico que se debe validar para generar nuestro nuevo o mejorado proceso, producto o servicio.

En efecto, muchas iniciativas de I+D+i no tan solo deben validar un modelo de negocio novedoso, sino que también muchas veces deben validar ―mediante la generación de nuevo conocimiento― la base científica o tecnológica sobre la cual se ha obtenido la respectiva propuesta de valor.

Durante este proceso de validación, la probabilidad de éxito y fracaso es exactamente la misma: 50%. Un 50% de probabilidades de falla es un porcentaje sumamente alto que hace perfectamente entendible la decisión de las empresas de no invertir en este tipo de negocios, porque ¿para qué arriesgarse, verdad?

Pues ante esta verdadera falla del sistema, constituida por la contraposición entre la necesidad que tienen las naciones de desarrollarse mediante la creación de nuevo conocimiento y avances tecnológicos que impacten de manera positiva a sus economías y habitantes, y la aversión a efectuar altas inversiones en negocios riesgosos, es que deben diseñarse e implementarse instrumentos de política pública que amortigüen el riesgo y la incertidumbre presentes en esta iniciativa. Porque, a diferencia de lo que se puede pensar, los Estados son las entidades llamadas a subsanar esas brechas y, por lo general, son quienes pueden asumir esas inversiones con alto riesgo, pero que tienen alto impacto positivo dentro de su ecosistema. Los fondos destinados para apoyar este tipo de iniciativas se reparten entre varias agencias del Estado, tales como CORFO o ANID. Existen también herramientas, como la Ley de I+D, que en su esencia buscan potenciar el ecosistema y la inversión en I+D+i.

Pero, con todo, ya no son los únicos. De un tiempo a esta parte, cada vez más entidades privadas ―como pueden ser capitales de riesgo o inversionistas ángeles― aparecen como alternativas válidas de financiamiento por su disposición estratégica a invertir en etapas tempranas de estos tipos de negocio ―donde tal vez existe la mayor cantidad de riesgo asociado―, a cambio de garantías técnicas y comerciales, y también a cambio de porcentajes de participación en los resultados a obtener. Este aporte requiere del conocimiento de terminología específica, como valorización, levantamiento de capital o rondas de inversión, con la finalidad de comprender las responsabilidades, beneficios y rangos de acción involucrados entre las organizaciones que complementan sus esfuerzos técnicos y financieros para sacar adelante estos proyectos. Sin embargo, hay considerable literatura al respecto.

Entonces, existiendo diversas fuentes para apalancar las inversiones en iniciativas de I+D+i, ¿existe el debido conocimiento sobre ellas? En mi opinión, creo que aún hay mucho camino que recorrer para que en el ecosistema de innovación se dé un escenario donde empresas y organizaciones entiendan todas las herramientas existentes y de las que disponen, tarea desde luego para nada sencilla. Pero una cosa debe quedar clara ya: estas herramientas existen, se puede acceder a ellas y no es tarea imposible financiar o cofinanciar exitosamente alguna de estas iniciativas.

Implementar iniciativas de innovación y desarrollar I+D+i de alto impacto en las empresas, es una práctica beneficiosa. Su contracara, reconocer el riesgo y la incertidumbre presente en esas iniciativas, es un ejercicio de prudencia que, lejos de desmotivar, debe servir como un complemento necesario a la hora de plantear desafíos dentro de las organizaciones que ayuden a capitalizar las oportunidades y necesidades presentes en el ecosistema de innovación.

Así, luego de identificar las dificultades que señalan quienes se enfrentan por primera vez a iniciativas de innovación, Investigación y Desarrollo para reconocer o diferenciar sus componentes entre distintos tipos de iniciativas; y posteriormente exponer los obstáculos que muchas organizaciones enfrentan respecto a la cantidad de recursos y capacidades necesarias para ejecutar proyectos de I+D+i, la invitación de esta tercera entrega es a capacitarse en estos temas, indagar en mecanismos de financiamiento y generar redes para potenciar capacidades complementarias de I+D+i.

Porque ya sea que tengas una empresa o bien trabajes directamente con quienes toman decisiones en ellas, y optes por no implementar e invertir en estos ámbitos, los que han probado volverte más productivo en el mediano y largo plazo… Quién sabe, tal vez la empresa de al lado, tu competencia, si lo haga.

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Magíster en Gestión Tecnológica

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